Laicos Hospitalarios: mitos y verdades de una vocación compartida

El Movimiento de Laicos Hospitalarios en España no ha dejado de crecer en los últimos años, convirtiéndose en un espacio de unión donde hermanas y laicos comparten un mismo carisma. Sin embargo, todavía existen dudas sobre qué significa realmente dar este paso. Desarmamos los principales mitos y revelamos las verdades de este compromiso que pone la hospitalidad en el centro de la existencia.

El carisma de la hospitalidad es un don del Espíritu de propósito universal que enriquece tanto a la vida consagrada como a la laical. Surgido formalmente en España en el año 2017, el Movimiento de Laicos Hospitalarios cuenta hoy con comunidades arraigadas en Madrid, Barcelona, Granada, Málaga, Valladolid y Palencia. A pesar de su consolidación, es frecuente encontrarse con ciertas ideas erróneas sobre lo que implica formar parte de él.

A continuación, repasamos cinco de los mitos más comunes confrontados con su realidad institucional:

Mito 1: «Solo pueden ser laicos hospitalarios quienes trabajan en los centros de la institución»

  • La realidad: Si bien está abierto a los colaboradores profesionales, el movimiento acoge a personas voluntarias y, en general, a cualquier cristiano mayor de edad que desee integrar la espiritualidad y la misión hospitalaria en todos los ámbitos de su vida cotidiana. No se requiere un vínculo laboral con la Fundación Hospitalarias para sentir esta llamada.

Mito 2: «Ser laico hospitalario es simplemente hacer un voluntariado o ser un colaborador comprometido»

  • La realidad: El laicado hospitalario es una vocación que nace del propio compromiso bautismal. Implica un itinerario formativo progresivo estructurado en cuatro etapas diferenciadas (Sensibilización, Granada, Ciempozuelos Encuentro y Ciempozuelos Comunión). No se limita a realizar tareas; es una opción libre para compartir fe, vida de oración, formación y celebraciones con el grupo y la comunidad de hermanas.

Mito 3: «Formar parte del movimiento concede ventajas o privilegios dentro del trabajo»

  • La realidad: Las directrices del movimiento son muy claras en este sentido: a los colaboradores que pertenecen a los Laicos Hospitalarios no se les concede ninguna prerrogativa o ventaja profesional que no tenga el resto de la plantilla. Además, cada miembro debe compatibilizar su compromiso laico con sus obligaciones ordinarias, realizando las reuniones y actividades fuera del horario de trabajo.

Mito 4: «La hospitalidad solo se practica dentro de los centros asistenciales»

  • La realidad: La misión del laico hospitalario no tiene fronteras. Si bien se materializa en los centros al acompañar a las personas atendidas y sus familias, los laicos están llamados a ejercer la hospitalidad más allá de la vida laboral. Esto incluye acompañar la vulnerabilidad de seres queridos, amigos o vecinos cuando atraviesan momentos de dolor, enfermedad o fragilidad.

Mito 5: «El carisma de la hospitalidad pertenece en exclusiva a las religiosas»

  • La realidad: El carisma no es propiedad exclusiva de las hermanas. La Iglesia reconoce que se trata de un don del Espíritu que crece, se recrea y se enriquece en la experiencia compartida de diferentes vocaciones y visiones, cooperando cada persona desde su compromiso específico para continuar la misión sanadora de Jesús.

Un camino de fe y cercanía

Para quienes deciden iniciar este recorrido, el movimiento ofrece un espacio de crecimiento personal, cristiano y comunitario, inspirándose en el Evangelio de la Hospitalidad y en el legado de sus fundadores: San Benito Menni, María Josefa Recio y María Angustias Giménez.

Aquellas personas que sientan inquietud por conocer de cerca este proyecto pueden informarse y solicitar su aproximación a través del Coordinador de Pastoral de su centro de referencia